Imagínate iniciar un pequeño negocio en una comarca rural, con toda la pasión pero con pocos apoyos alrededor. Esta fue la realidad de muchas emprendedoras y emprendedores valencianos hasta que llegó
EMENTI, el programa de la Asociación Nosotras Valencia que ha marcado un antes y un después en sus proyectos. La primera edición de EMENTI acaba de finalizar con
18 proyectos mentorizados presentando sus logros en una emocionante clausura, habiendo
alcanzado a más de 197 personas de las comarcas de La Serranía, el Valle de Ayora-Cofrentes y la Canal de Navarrés.
Gracias al respaldo de la Generalitat Valenciana, el programa fue totalmente gratuito y accesible, ofreciendo a los participantes una oportunidad única de
formación, mentorización personalizada y visibilidad para sus iniciativas.
Desde el comienzo, EMENTI puso el foco en la mentorización individualizada. Cada persona emprendedora contó con 20 horas de acompañamiento personalizado, guiada por tutores especializados que comprendían las particularidades de su negocio. Este mentoring cercano significó que cada desafío –ya fuera afinar el modelo de negocio, pulir la propuesta de valor o superar algún obstáculo– se abordó con apoyo experto y a medida. “Tenía muchas ideas dispersas y mi mentora me ayudó a darles forma y orden”, comentaba en confianza una de las participantes (hoy orgullosa dueña de un proyecto más sólido). Sesión tras sesión, se fue notando un cambio de mentalidad: donde antes había dudas, ahora había claridad y un plan de acción concreto. Al final de las 20 horas de mentoría, la diferencia era palpable: los emprendedores ganaron confianza y herramientas prácticas para llevar las riendas de sus iniciativas con más seguridad.
Otro pilar fundamental de EMENTI fue la formación especializada. A lo largo de varias semanas, el programa ofreció talleres y cursos versátiles, actuales y de aplicación práctica, cubriendo todos esos temas que un negocio emergente necesita dominar. Desde aspectos jurídicos y trámites para constituir una empresa, pasando por gestión del tiempo y productividad, hasta finanzas, contabilidad básica, recursos humanos y marketing digital, nada quedó fuera del temario. Estas sesiones, impartidas de forma presencial y online, no fueron clases teóricas al uso, sino encuentros interactivos donde los participantes trajeron sus dudas reales y se llevaron soluciones concretas para implementar al día siguiente.
Por ejemplo, en el módulo financiero aprendieron a elaborar un plan de números sencillo para su proyecto, entendiendo cómo controlar gastos y buscar financiación inteligente. En el taller de marketing, muchas descubrieron canales nuevos para dar a conocer su marca en redes sociales y mercados locales. Esta formación les permitió
llenar vacíos de conocimiento y reforzar las bases de sus negocios. “Ahora sé en qué aspectos tengo que trabajar primero y cómo hacerlo”, afirmaba otra participante al terminar los talleres, reflejando el sentimiento general del grupo. En definitiva, cada tema abordado sumó un ladrillo más en la construcción de proyectos emprendedores más robustos y sostenibles.
Desde el primer día, EMENTI fomentó un ambiente de comunidad y apoyo mutuo entre quienes a veces trabajan aislados en sus pueblos. Pero el punto culminante llegó en el acto de clausura, celebrado el 24 de octubre en el Jardín Botánico de Valencia, donde los emprendedores tomaron el escenario para presentar sus proyectos en sociedad. Gracias a la preparación previa –elevator pitch, storytelling, confianza escénica– todos pudieron presentar sus negocios ante un público diverso. Asistieron autoridades y entidades que se interesaron genuinamente por cada iniciativa: desde la Directora General de Innovación e Internacionalización, quien destacó la importancia de apoyar el emprendimiento rural, hasta representantes de ayuntamientos vecinos, deseosos de que programas como EMENTI lleguen también a sus municipios. Este respaldo institucional hizo que las emprendedoras se sintieran valoradas y les dio una visibilidad invaluable.
La jornada final fue también una fiesta de networking y reconocimiento. Entre presentaciones, los asistentes pudieron conocer de primera mano los productos y servicios que nacieron o crecieron gracias a EMENTI. Hubo degustaciones que hablaron por sí solas: vino de Bodega Terra D’Art de Chelva, aceite de oliva de la almazara Pepe Ginia en Navarrés, cerveza artesanal de Zarra, y hasta bombones del obrador Mar Negre. Cada sabor y cada demo eran la prueba tangible del trabajo realizado. “Este acto puso el broche final a un proyecto lleno de ilusión y cohesión, que estamos seguros tendrá una continuidad en nuestro afán por apoyar el emprendimiento en zonas rurales”, explicaban desde la organización con emoción. Y es que más allá de los números, EMENTI logró crear una red de apoyo donde antes no la había: ahora estos 18 emprendedores se conocen entre sí, comparten ideas, colaboran y saben que no están solos en el camino. La comunidad EMENTI seguirá viva mucho después de acabada la formación formal, y eso, para muchos, es uno de los mayores logros del programa.
Al finalizar EMENTI, los cambios en los proyectos participantes eran notables. Cada emprendedor había podido analizar a fondo su modelo de negocio, identificar oportunidades clave y definir palancas de cambio para llevar su idea al siguiente nivel. Varios ajustaron sus planes: unas redefinieron mejor a su cliente objetivo tras los estudios de mercado que realizaron, otras incorporaron mejoras en su producto inspiradas por las mentorías, y todas ganaron claridad estratégica sobre cómo avanzar. También se notó un salto en la profesionalización: ahora cuentan con planes financieros básicos, estrategias de marketing definidas y un calendario de próximos pasos.
Por ejemplo, la pequeña empresa de chocolate artesano Mar Negre no solo afinó su receta de bombones, sino que ahora tiene una hoja de ruta para distribuir sus dulces en tiendas de la comarca. Por su parte, el fundador de Bodega Terra D’Art salió del programa habiendo establecido contactos con restaurantes locales para ofrecer sus vinos, algo que surgió gracias a la red de EMENTI. Son solo pinceladas de lo que 18 historias de emprendimiento han conseguido.
Además, la motivación y la confianza de los participantes se dispararon. Emprender en zonas rurales puede ser un reto solitario, pero tras pasar por EMENTI todos destacaron “el chute de energía” que supuso ver que sus ideas sí interesan y tienen apoyo. “Ahora me siento capaz de enfrentar cualquier obstáculo”, dijo una de las emprendedoras al reflexionar sobre el camino recorrido, recordando cómo al inicio dudaba incluso de presentarse.
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